Esta nota incluye el relato de situaciones de violencia de género y abuso.
Omayra Quintana es cantautora, escritora y conferencista, y vive en Pensilvania, Estados Unidos. El martes 29 de septiembre se conectó con Más que Palabras, el programa en vivo de Axioma Play, para presentar su libro Rompiendo con el narcisista y contar la historia que lo originó: los años de violencia física, sexual y espiritual que, según relató, vivió en su primer matrimonio con un hombre que era pastor.
La entrevista empezó con una pregunta que hoy se escucha cada vez más: cómo distinguir una relación con una persona narcisista de una pareja con conflictos que se pueden resolver. Quintana respondió desde su experiencia y puso el foco en quien sufre, no en quien agrede. Contó que hay señales que conviene mirar: alguien que antes compartía y socializaba y deja de hacerlo, que pone excusas para no ver a los suyos, que defiende a su pareja o la encubre por miedo. «Mi consejo siempre es evaluar a la víctima, no al acusador», dijo (mirá este momento). Según su experiencia, el objetivo de ese aislamiento es alejar a la víctima de cualquier persona que pueda ayudarla.
«Si lo digo, nadie me va a creer»
Quintana contó que a los 18 años dio su paso de fe y que, un año después, al entrar en la universidad, conoció a un compañero que era pastor e hijo de pastor. Predicaba en grupos de estudio bíblico y, según recordó, parecía tener una respuesta para todo. Cuando ella rechazó su propuesta de noviazgo, él se ausentó unos días y volvió diciendo que había ayunado y orado, y que Dios le había dicho que ella era para él. Ella, que recién empezaba en la fe, contó que no se sintió capaz de dudar de alguien a quien había visto predicar, y que aceptó «por obediencia».
Lo que siguió, según su relato, fueron cinco años de matrimonio «entre golpes, entre manipulación espiritual» (mirá este momento): él usaba versículos fuera de contexto para exigirle sumisión. Relató que perdió su primer embarazo al día siguiente de una agresión, que también sufrió abuso sexual y que, cada vez que intentó contarlo, la trataron de loca. «Si lo digo, nadie me va a creer», recordó que pensaba (mirá este momento).
Contó que llegó a temer por la seguridad de su hijo mayor cuando todavía era un bebé y que, aun así, la justicia le otorgó al padre las visitas sin supervisión, porque era su palabra contra la de él. Para proteger al niño, dijo, volvió con su agresor. Según su testimonio, en abril de 2008 él intentó matarla a ella, a su hijo y al bebé que esperaba.
Pidió ayuda pastoral más de una vez y, según contó, la respuesta fue que él era «el hombre de Dios». Lo que cambió la historia fueron sus vecinos: se ofrecieron como testigos y, de acuerdo con su relato, el hombre fue condenado a seis años de prisión, una pena que luego se redujo por buena conducta.
Un embarazo de alto riesgo
Durante su segundo embarazo, que fue de alto riesgo, contó que tuvo convulsiones hasta el día del parto y que los médicos le advirtieron que el bebé tenía problemas graves y le recomendaron interrumpir el embarazo. Ella se negó. Según relató, su hijo nació sano, y ella lo vive como una respuesta a su oración: «El Dios de lo imposible yo lo vi tangible» (mirá este momento).
Volver a la iglesia
Eric le preguntó cómo hizo para volver a confiar en una iglesia después de que varios pastores le dieran la espalda. Quintana reconoció que al principio le resultaba chocante que un pastor le impusiera las manos o le dijera «así te dice Dios», y que su respuesta fue aprender a leer la Biblia por su cuenta para que nadie volviera a engañarla. Hoy, contó, va a la iglesia con una libreta, anota la prédica y después la revisa en su casa.
Lo llama su «colador»: «Si algo no pasa por la palabra, lamentablemente tienes que rechazarlo, venga de quien venga» (mirá este momento). Y explicó cómo cambió la forma de nombrarse: «Antes yo decía que no era víctima, era sobreviviente. Pero es que ahora ni sobreviviente soy: soy una hija de Dios con identidad» (mirá este momento).
Romper el ciclo
En el libro, Quintana dedica un apartado a la técnica de la roca gris (grey rock), que describió como una estrategia de comunicación con una persona conflictiva o provocadora: responder de forma neutra, sin entrar en la discusión. Aclaró que eso «no significa que tengas que permitir faltas de respeto, ni mucho menos abuso», ni obliga a seguir en contacto con el agresor (mirá este momento).
Cuando le pidieron un mensaje para una mujer que esté viviendo algo parecido, fue directa: tiene que romper el ciclo, con la ayuda legal, familiar o pastoral que tenga a su alcance. «Lo permitiste una vez y, aunque te pida perdón, se va a volver un patrón» (mirá este momento).
Gabi, por su parte, le preguntó si un hombre puede ser buen padre cuando destruye a la madre de sus hijos. Quintana respondió que no, porque, según su mirada, así está creando un patrón en sus hijos.
Hoy volvió a casarse y tiene tres hijos. Contó que los dos mayores conocen toda la historia y que les habla seguido para que no repitan lo que ella vivió.
Dónde conseguir el libro
Según contó, Rompiendo con el narcisista está disponible en español y en inglés en Amazon, en versión digital y en papel, y en formato digital en Google Play. También se consigue a través de Libros con Voz, el espacio de Silvia Rodríguez dedicado a los libros, que acompaña a Axioma Play.
Si estás atravesando una situación de violencia
En Argentina, la Línea 144 brinda atención, contención y asesoramiento gratuito a personas en situación de violencia de género, las 24 horas, todos los días del año, por teléfono, WhatsApp y aplicación. En Estados Unidos, la línea nacional contra la violencia doméstica atiende en español al 1-800-799-7233. Ante una emergencia, llamá al 911.
Mirá la entrevista completa
Entrevista realizada en Más que Palabras, el programa en vivo de Axioma Play, que se emite los martes a las 19.30 por YouTube. Preguntaron Néstor Castillo, Gabi, Eric y Daniela.
Nota elaborada a partir de la emisión de Más que Palabras del 29 de septiembre de 2026, con asistencia de inteligencia artificial y revisión editorial de Axioma Play.

